JAIME RIBA: “Ser actor no es una profesión, es un estilo de vida”

Jaime es un actor de origen almeriense que ahora estudia interpretación en la RESAD. Forma parte del elenco de varios musicales en salas de la capital, como ‘Una corona para Claudia’ en el teatro Alfil. Próximamente estrena el musical de El Libro de la Selva como Mowgli y el de Peter Pan. En esta entrevista nos cuenta como llegó a la capital, y nos da algunos consejos sobre las pruebas de acceso su escuela y los casting.

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Jaime, ¿cuándo te diste cuenta de que querías ser actor?

Yo creo que no hay un momento en el que te das cuenta. Es una necesidad. Siempre he dicho que ser actor no es una profesión, es un estilo de vida, porque tienes que cambiar todos tus hábitos, desde la comida saludable hasta el deporte, leer mucho, moverte mucho… Tu vida cambia por una necesidad. No recuerdo el momento que de pequeño dije ‘’quiero ser actor’’, recuerdo el momento en el que me enamoré del teatro, pero no de cuando me hice “artista” en general. A mí me gustaba mucho pintar, cantar… de hecho quería ser cantante antes que actor.

¿Tu familia apoyó tu decisión de ser artista?

Siempre me han apoyado en todo, y siempre me han puesto los pies en la tierra, diciéndome ten cuidado con esto o con lo otro, y sobre todo siendo sinceros porque alguna vez han venido a verme a una obra y me han dicho sin problemas lo que no les gusta.

Mi padre hace teatro como hobbie, cose y le encantan las manualidades. Mi madre también es muy manitas. Son profesores, pero tienen mucha mano. Siempre han visto el arte como algo muy importante.

¿Por qué estudiaste Bellas Artes antes que interpretación?

Cuando con 17 años tenía que decidir qué estudiar yo no sabía ni en un uno por ciento lo que era el teatro. Había aprendido mucho en Vera, mi pueblo, pero hubo un momento de miedo de estudiar interpretación tan joven. Yo no sabía lo dura que era esta carrera, pero sabía que no era fácil. Es cierto que para interpretar tienes que vivir, tienes que tener una biblioteca de emociones, de experiencias, de vidas… y pensé en meterme en una carrera que no fuese tan emocional, pero me metí en Bellas Artes que fue mucho peor, porque tienes que jugar mucho con las emociones también.

Pero no fue un error, me lo tomé como un hobbie y aprendí muchísimo, incluso para la interpretación, porque las artes están muy unidas. Aprendí muchísima filosofía, mucha cultura, a moverme de otra forma pero sobre todo a abrir la mente a técnicas para ir a distintos mundos.

Un profesor del instituto, el de literatura,  me decía: “como estudies Bellas Artes no vas a estudiar interpretación después…” Y dije yo: “ya veremos”. Lo tenía claro.

¿Y cómo decidiste venirte a Madrid?

Al terminar la carrera en Granada tenía claro que quería ir a Madrid y hacer las pruebas de la RESAD, pero en un tiempo, quizá después de un año sabático allí haciendo cursos o algo. Entonces un día mi chico me dijo que quería irse al año siguiente, y le seguí.

¿Por qué escogiste la RESAD?

Siempre ha sido la escuela en la que he querido entrar, porque es muy conocida, tiene mucha comunicación con otras escuelas internacionales. No es que sea mejor, es que es otro mundo.

Eso no significa que fuera mejor o peor, pero si es cierto que al ser la Real, al ser la pública, tiene más facilidades de abrirse a otros países.

¿La prueba de la RESAD es el casting más difícil que has pasado?

No sé si el más difícil pero sí con el que he sido el más persistente.

Me preparé con muchas ganas. La parte teórica la pasé leyendo todos los libros que pude, y la práctica la pasé siendo muy astuto; escogiendo canciones que se me dieran mejor, diferentes entre ellas, un monólogo que creía que me quedaba muy bien… Muchos de los que hacen la prueba lo que buscan es algo que sorprenda muchísimo, y que se aleje de ti, y no es adecuado hacer eso, creo que yo. Para hacer este tipo de pruebas tienes que escoger papeles que se parezca a ti, pero que a la vez sean muy dispares entre ellos. Una profesora siempre me dice “cuanto más personal más universal” y en estas pruebas lo que les interesa es ver a la persona, el perfil. No te tienes que alejar nunca de ti, pero en estas pruebas menos todavía.

Yo soy de obsesiones fijas, y siempre dije que iba a entrar en la RESAD, y no llegué a buscar otras escuelas por si no me cogían. Para mí era un reto que tenía que superar, y no quería buscar otra alternativa.

Hay mucha gente que te escribe por redes sociales, al ver que estudias en la RESAD, preguntándote consejos porque se están preparando las pruebas. Pasa bastante. Y yo lo hago encantado, le explico las pruebas, lo que pueden o no pueden hacer… yo hice lo mismo. Lo primero que hice fue buscar RESAD en Facebook y empezar a preguntar.

¿Y por qué decidiste entrar en la parte musical de la escuela?

Ya había hecho musicales, me gustaba mucho la música, estudié guitarra en el conservatorio cuatro años, y luego en el escenario es de lo que más me gusta. También porque creo que en Europa, la RESAD es de las pocas escuelas que separa la interpretación en tres itinerarios; teatro musical, textual y gestual, pero eso no significa que no estén mezclados entre ellos y que todos aprendamos de todo. Entonces lo tiene todo, y también pienso seguir toda mi vida formándome.

¿Cómo fue el casting de la obra que hacéis en el teatro Alfil?

En ‘Una corona para Claudia’ el casting fue una maravillosa emboscada del director, Iker Azkoitia. Yo le agregué a Facebook porque conocía su trabajo y me aceptó. Pasaron meses hasta que hablé con él, le saludé con mucho cuidado, porque siempre que saludas a alguien así parece que estás buscando trabajo o algo personal, y viendo que había buena química y que los dos éramos cordiales quedamos para tomar un café y hablar de teatro. Quedamos una segunda y todo fue genial. En la tercera, de repente, le vi venir con una guitarra, me comentó que llevaba un año preparando un musical y que quería hacer una prueba conmigo. Así que así, en mitad de la plaza del Rey, empezamos a cantar y a hacer pruebas. Él cantaba y me pedía que entrara en la canción cuando quisiera, o que hiciera otras voces, lo que saliera, y al final me dijo que quería contar conmigo para su obra. Fue un casting de lo más curioso, veíamos a la gente alrededor, a uno paseando al perro, me cagó encima una paloma… sí, de hecho hay una foto de eso en el Facebook de la obra.

Siempre digo que en la interpretación hay que ser un poco pillo. No un acosador, pero un poco pillo sí, y si sabes que una persona está trabajando y te puede ayudar… Muchas veces ocurre que oyes eso de “mira este que me está pidiendo ayuda, que lameculos…” y pienso que esa gente no se acuerda de que también tuvo un principio. Creo que es importante hacer favores, y que te los hagan. Yo he tirado de muchos contactos algunas veces, o con personas con las que he trabajado y me he sentido muy a gusto. He conseguido muchos trabajos, y les he conseguido muchos trabajos a muchos amigos de esta forma.

¿Cómo son para ti los procesos de casting? Cuéntanos alguna anécdota

Siempre intento preparármelos muchos, y pienso que un casting en el que no te cogen no es un fracaso, aprendes un montón. Me he presentado a castings de grandes musicales de Gran Vía. Y tú vas sabiendo que ya han cogido a los actores, y que el elenco está prácticamente cerrado, pero por si acaso vas, y aprendes.

Un día fui a un gran casting, donde solo podíamos cantar veinte compases, así que hice todo el arreglo para reducir la partitura, que tuviera un final y un principio. Entré, hablé con el pianista, empecé la prueba y al acabar con un agudo final me fijé en que el jurado estaban a su bola, hablando entre ellos, distrayéndose… Me dio tantísima rabia que le dije al pianista que la tocara otra vez. La canté de nuevo y al llegar otra vez al agudo seguían sin mirar. Llegó un momento en el que entendí que estuvieran cansados, que posiblemente yo me comportaría igual como jurado, pero me dio tanta rabia que sin pianista ni nada pegué un grito de verdad. Entonces todos me miraron, alguno hasta se asustó y pusieron cara de ‘’¿este está loco?’’ Pero como entonces me estaban mirando todos le dije al pianista que empezara y la canté otra vez más. Me fui pensando que no me iban a llamar ni de coña pero sí que me llamaron a los días, para hacer una segunda prueba, que me salió bastante mejor, pero no me cogieron.

Tú que has pasado casting tan duros como las pruebas de la RESAD y tan cercanos en plazas y con palomas… ¿qué opinas de estos procesos de selección?

Si le preguntas a un actor en calientes sobre los casting siempre va a refunfuñar, porque nos presentamos a muchos. Pero obviamente son importantísimos, porque te das a conocer, experimentas otras formas de ti. Hay que saber prepararse un casting, saber algunos trucos. Por ejemplo, saber que el casting empieza en el momento en el que el actor entra por la puerta y te ven. Hay muchos que por educación entran tímidos y hasta preguntan si pueden entrar, y no se puede hacer eso. Tienes que mostrar decisión, entrar y dejar tus cosas, siempre con educación porque estás entrando en tu trabajo pero que no muestres sobrerespeto, porque queda muy mal. También tienes que ser receptivo, y que si te piden hacer algo no dudar, aceptar enseguida e improvisar y sacar todas tus armas aunque por dentro estés temblando.

¿Qué consejo darías a los que están empezando en el mundo de la interpretación?

Levantarte todos los días y recordar la razón por la que haces esto. Recordar que hay mil historias, y miles de personajes en los que te puedes meter y contarlos de otra forma que no haya hecho nadie. Recordar lo bonito que es ir a un museo, y de repente pensar que los cuadros de Goya son escenas de Valle-Inclán.

Nunca he pensado en serio renunciar, pero sí que ha habido momentos duros porque son muchas horas, muchas clases y mucho estudio. Y te ayuda mucho hacer una gráfica, mental o escrita, en el que vayas apuntando tus avances, porque echar la vista atrás y decir “no he crecido nada” no es bueno, pero tienes que pensar que tú no te ves crecer a ti mismo, pero los demás sí, y si te apuntas las cosas te vas a dar cuenta. A mí me pasa mucho, cuando amigos que hace mucho tiempo que no veo me ven cantar, y se quedan alucinados. Tienes que ser consciente de tu mejoría.

También doy otro consejo; déjate transformar por lo demás y por ti mismo, pero pon tu propio límite. Que nadie te diga como tienes que ser, hasta donde tienes que adelgazar o engordar, cómo tienes que cambiarte el pelo. Tienes que abrir la mente para que todo el mundo pueda influir en ti, pero hasta donde tú quieras. Esto es peligroso sobre todo con el físico. No conozco a casi ningún actor, bueno ni a casi ninguna persona de otra profesión, que no se sienta inseguro con su físico. Y es verdad que siempre hay que mejorar por dentro y por fuera, y hacer méritos, pero tienes que hacerlo porque tú quieras. Si alguien te dice “tienes que adelgazar para un papel”, que es igual de válido que cuando te piden engordar, cambiarte el pelo oponerte una prótesis, le dices “vale, pero me pagas por esto y me pones unos médicos que me ayuden y me controlen”. Nunca hay que poner en riesgo el físico por nada.

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