UN CINE ARDE Y DIEZ PERSONAS ARDEN (EDITORIAL)

Pocas veces dedicamos un espacio de nuestro boletín a la muestra de unos alumnos aún en formación. Pero tras asistir ayer a la primera de dos funciones que, este grupo de jóvenes dirigidos por la compañía Grumelot, realizan en la sala Nave 73, nos hemos quedado sin palabras. 
Es la primera vez que se representa, y decir que es una obra poco convencional se queda corto. No tenemos que olvidar que es teatro contemporáneo, y que el texto de Pablo Gisberti es rompedor. Pero, desde el momento en el que entras en la sala, y ves que el público es el que está sentado en el escenario, y los actores en las gradas; cuando empiezas a oler a palomitas por todo el escenario; cuando te dan la posibilidad de interactuar con los actores desde el primer momento; cuando te piden lanzar papelitos con gomas de plástico y hasta el momento en el que te apuntan con una pistola de agua… te das cuenta de que no vas a vivir una experiencia teatral a la que estás acostumbrado.
Todo transcurre en un cine. Nueve personas se disponen a ver una película, una pareja de amigas, unos enamorados, y otros personajes que te puedes encontrar en cualquier sala, pero también hay un misterioso “personaje 10” al que nunca vemos. Cada uno tiene una historia lineal, y se van contando una a una a través de las conversaciones que tienen entre ellos durante los trailers que preceden a la película. Hasta aquí todo parece normal, pero no lo es. La obra hace que te quedes perplejo desde el primer minuto, rozando el surrealismo, y llevándote desde la risa nerviosa hasta las lágrimas de emoción.
En un escenario que acaba destrozado, lleno de palomitas, agua, pompas de jabón, ropa, papeles, chicles, cintas de gimnasia rítmica y hasta un tutu, los actores no dejan de sorprendernos con una coreografía digna de los grandes teatros, con dos micrófonos a cada lado, una pantalla de proyecciones sobre sus cabezas y un microondas en el centro del escenario. Y os preguntaréis, ¿falta algo? Sí. Un teclado, llamadas en directo, cerillas, bolsas de té… y mucha improvisación entre el emotivo texto que deja un gran margen al juego de los actores en el escenario.
Puede que ayer todos tuviéramos suerte, y tanto el público como los actores tuviéramos un buen día para jugar entre nosotros, abrirnos emocional e intelectualmente, y que así recibiéramos con los brazos abiertos aquella experiencia, pero lo cierto es que a la salida de aquella obra no parecía que estuviéramos frente a actores y actrices de segundo curso de ciclo de formación para jóvenes actores, porque la dificultad del texto, la valentía de aquella puesta en escena, la forma de afrontar las equivocaciones y la compenetración en la improvisación y, sobre todo, lo bien que jugaron estos en el escenario, es lo que hizo que todos saliéramos con aquella sensación inconfundible, la de un buen rato de ocio en el teatro. Y, por ello, este editorial va dedicado a todos estos actores que se han atrevido con algo tan arriesgado, porque son el futuro del mundo de la interpretación.
¿Quienes fueron los intérpretes? Esteban Balbi, Adela Bértlo, Inés Collado, Rocío Collins, Axel Florencio, Estefaná Marin, Cristina Martín, Álvaro Molero, Javier Rojo. Dirigidos por Carlota Gaviño y Iñigo Rodríguez-Claro.La última representación de esta maravilla se hará hoy en Nave 73 (C/Palos de la Frontera 5) a las 20:30 por solo 5€, pero al ser una muestra hay que tener en cuenta que familiares y amigos no querrán perdersela, por lo que las entradas escasearán notablemente. No obstante, si buscan un plan para hoy y tienes suerte, no dudes en ir a verles. Mientras tanto a nosotros solo nos queda esperar su próximo proyecto que se estrena en agosto, “El aquiles”.

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