ALVARO DE MARIA: “Dejé mi trabajo para venir a Madrid a estudiar interpretación”

Alvaro tiene 27 años, nació en las Islas Baleares y trabajaba en hacienda hasta que un día lo dejó todo para cumplir su sueño de ser actor. Ahora vive en Madrid y ha acabado sus estudios de interpretación en la escuela TAI. 

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Álvaro, ¿cómo te diste cuenta de que querías ser actor?

Siempre lo he querido ser. Pero en Mallorca no hay oportunidades, no hay muchas escuelas… y las que hay son muy cutres, y por eso nunca le hice mucho caso a mi instinto. Cuando realmente decidí dar el paso estaba trabajando en la Agencia Tributaria de Baleares y, por motivos x, estaba muy indeciso en quedarme o no. Estaba esperando una señal. Y llegó; me cambiaron de departamento que no me gustaba, y me dije “lo dejo todo y voy a Madrid a estudiar arte dramático”.

Tres meses antes me fui a Inglaterra, como experiencia, y al volver hice las maletas y me vine aquí.

¿Cómo se tomaron tus padres esta decisión?

Mal. Muy mal. Mi madre fue la que lo llevó peor, porque de tener un trabajo estable, muy bien pagado y con futuro… renuncié a todo eso. De hecho, estaba pendiente de la aceptación de una hipoteca, y lo cancelé todo para venirme aquí. Aún me siguen preguntando si volveré a trabajar en la Agencia Tributaria, pero yo les digo que no, que mi vida ya está en Madrid. He puesto el huevo aquí.

Y nada más llegar, ¿empezaste a estudiar interpretación?

Sí. Llegué una semana antes de que empezara mi curso en la escuela TAI. Me acuerdo que tuve que ir a un hotel porque aún no tenía donde quedarme. En cuestión de días tuve que encontrarlo, traerme todas las cosas de Mallorca e instalarme.

Entraste con 23 años en la TAI, pero el resto ¿tenían 18?

Sí, era el papá. Había gente de entre 17 y 20, pero yo les ganaba de tres cuatro años. Al principio me preocupaba que la cosa fuera un poco infantil, pero no lo fue.

Y sin haber estudiado nada de interpretación antes, ¿qué te llamó más la atención de una escuela?

Pues mira, lo que más me impactó de la TAI es que yo lo veía todo muy moderno, minimalista… pero los profesores son totalmente diferentes a este ambiente. Su base es el corazón, lo de dentro, más sensorial. Suena un poco cursi pero es así. A mí me costó mucho adaptarme a las clases, porque yo no vengo de un ambiente… por así decirlo hippie, y a mí me costaba mucho abrirme. Por ejemplo, entré en la escuela pensando que el yoga y la meditación eran auténticas chorradas, literalmente. Ahora lo practico casa semana.  

Estas escuelas te cambian mucho. Para mí fue la TAI, porque estudié allí, pero hubo dos profesores que me ayudaron a mejorar mi vida, mi forma de pensar…

Jorge Muriel es muy buen profesor y le considero amigo mío, porque no me ha impartido nunca clases pero me parece una persona maravillosa. Me daba unos consejos muy buenos; una vez le dije “Jorge, es que a mi estas cosas de hippies no me gustan, no me llenan…” Y él me decía siempre “Déjate llevar. Actúas más con la cabeza que con el corazón, déjate llevar”. Pero un día… me di cuenta de todo. Jorge en la TAI hace un trabajo muy bueno, pero luego da unos cursos voluntario que son las meditaciones kundalini. Él me convenció de que lo probara un día y ahí fue donde me cambió todo; me di cuenta de la relación mente-cuerpo, y el Álvaro que trabajaba sentado y pensaba “esto es así, esto es así, esto es así” murió ahí. Ahora que he acabado la TAI, sigo yendo una vez al mes a hacer meditación.

Por otro lado está Pilar Gómez, que si me dio clases y es una estupenda profesora. Jorge y Pilar van muy de la mano en cómo enseñan, y Pilar es muy cercana; si tienes algún problema se lo cuentas y te desahogas con ella. Piensa que yo cuando vine a Madrid no tenía nada, ni amigos, ni familia… Pilar me ayudó mucho, y me enseñó a abrirme.

¿Y qué asignaturas te impactaron más?

Me quedaría con cuerpo, con Elian. Ella también es muy de mente-cuerpo, pero ha sido profesora de ballet, y es muy mano dura. Esto en un profesor me encanta; que no me permita hacer el tonto, distraerme, que me obligue a estar todo el rato ahí…

Luego, interpretación con Pilar, como os he dicho antes.

La que menos me gustó… canto. Se me da fatal cantar, me decían que me callara.

¿Y tus primeros proyectos los hiciste dentro de la TAI?

Exacto. Lo bueno de la TAI es que no es una escuela de interpretación, es una escuela de cine. Entonces hay de todo; actores, directores, directores de foto… entonces no da la oportunidad de conocernos, y de hacer un trabajo profesional, porque cada uno aporta su parte, con el apoyo de un profesor que nos da las pautas a todos, y te adaptabas a un rodaje.

Además, iban saliendo otros proyectos, con los alumnos del master de dirección. Uno de los cortos en los que participé, Taijitu de Diego Barquero, fue candidato al festival de Canes. Éramos dos actores en un corto mudo, y yo era el protagonista.

¿Y has encontrado muchos proyectos al salir de la TAI?

He hecho cortos por mi cuenta, que me han ayudado a formar mi videobook. Y luego, gracias a vuestra página encontré un proyecto bastante grande, de protagonista en una película, para el que pasé cuatro casting y me cogieron. Pero al final, por temas de producción, el productor tenía que hacer ese papel. Estas cosas pasan.

Tuve que buscar trabajo de otras cosas, volver al Álvaro cuadriculado de antes para ganar dinero.  Y ahora estoy en la búsqueda de encontrar cosas. Me encantaría hacer un corto de ficción.

¿Y no te has planteado hacerlo tú?

Sí, a veces lo he pensado, en escribirlo y dirigirlo yo, pero yo me pienso mucho las cosas y es verdad que tendría que tirarme más a la piscina.

En la asignatura historia del cine, tuve protagonizar, escribir y dirigir un corto. Todo en dos horas, y me pusieron un 10. Lo hice de ficción, comedia, y la gente se partió de risa. Pero el Álvaro de antes… se replantea muchas veces las cosas, y me quedan aún esos resquicios.

Pero creo que es bueno que el actor haga sus propios trabajos, porque quién es mejor que tú mismo para saber dónde te sientes cómodo, donde te puedes lucir… tú puedes ser tu mayor crítico, y medir hasta donde puedes llegar y hasta donde no.

¿Y qué consejo le darías a los que están replanteándose dar un vuelco a su vida como hiciste tú?

Quítate todos los tabús que tengas, ábrete a las personas, deja ver tu parte vulnerable. Si tienes que llora llora, no te reprimas. Vívelo. Tócalo. Que vida solo hay una, y si es lo que quieres hacer tienes que tirarte a la piscina.

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